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Último día de colegio, llegan las Navidades
y con ella la sensibilización de la gente. Parece que
por ello los profesores han preparado a sus alumnos un regalo
de Navidad a agrado de estos últimos. Pero, en realidad
ni estas fechas tan señaladas han podido ablandar el corazón
de estos incorruptibles pedagogos. Así que acuerdan obsequiar
a sus alumnos con la estimulante estimulante posibilidad de participar
en un debate sobre el Voluntariado. A lo que como era de esperar
los estudiantes respondierón con interés, pues
todos sabermos que se trata de un tema cotidiano y habitual en
la conversación entre los más jóvenes.
La polémica esta servida, en pocos instantes la
clase se convertirá en un Moros y Cristianos, un Crónicas
Marcianas pero sin abogado gordo ni Paco Porras. Se acerca la
hora clave. Mientras que un profesor lee detenidamente una introducción
al tema, el ritmo cardíaco de los dos equipos aumenta
drásticamente, las pupilas se dilatan, y el sudor comienza
a deslizarse por la piel de los allí presentes. Por fin
inicia el debate.
La primera conclusión a la que llegamos es una dos,
o no teníamos nada a decir, o en realidad lo que hicimos
fue mostrar nuestro pésame a la causa con un minuto de
silencio como si de un evento deportivo se tratara.
En ese mar sepulcral, donde todos miraban a todos y nadie
decía nada, alguien irrumpió con una curiosa, diría
casi anecdótica pregunta.
¿Que pensáis sobre el voluntariado?
Bien, pues no teníamos nada que pensar, pues no
sabíamos lo que era el voluntariado. Una triste realidad,
que sería solventada.
Después de debatir, en muchos casos más con
la mirada que con la propia habla, llegamos a la conclusión
de que las nuevas generaciones, aunque menos reacias, siguen
siendo desconfiadas a la hora de ofrecer ayudas económicas.
De este modo la ayuda de carácter personal resultó
la más aceptada entre los presentes siendo calificada
como las más beneficiosa para ambos bandos, puesto que
resulta mucho más gratificante y eficaz. Sin embargo,
ello también comporta inconvenientes, pues para prestar
ayuda física se necesita tiempo, ganas y capacidad para
llevarla a cabo.
Aunque había gente que seguía desconfiando de los
mediadores, hubo disparidad de opiniones en relación a
que tipo de ayuda era la mejor y si esta era verdaderamente útil.
Tal fue la firmeza de las ideas por parte de cada participante
que estas se mantuvieron hasta el final, de modo que los que
desconfiaban en la honestidad de las ONG o del propio gobierno,
seguían desconfiando, y el que creía en la idea
solidará seguía dispuesto a ofrecerla.
No obstante como enriquecimiento final, todos comprendimos la
magnitud que puede tener la buena voluntad si esta se utiliza
para fines caritativos, pero no por ello hemos de confiar siempre
en todo lo que nos dicen, ni creer que la ayuda económica,
por grande que sea, será la mejor, pues hay pobres materiales,
y pobres sociales, y a estos últimos, mayoritariamente
ancianos de nuestra sociedad, necesitan nuestra ayuda, nuestra
colaboración como personas. |