- Wislawa Szymborska
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- El ocaso del siglo
- (HOMBRES EN EL PUENTE, 1986)
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- Tenía que ser mejor que
los anteriores, nuestro siglo XX.
- Ya no esta a tiempo de demostrarlo,
- tiene los años contados,
- andar vacilante,
- respiración corta.
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- Han sucedido demasiadas cosas
- que no debieron suceder,
- y lo que tenía que llegar
- no ha llegado.
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- Tenía que estallar la
primavera
- y, entre otras cosas, la felicidad.
- El miedo tenía que abandonar
valles y montañas.
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- La verdad tenía que ser
más veloz que la mentira
- en alcanzar el blanco.
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- Algunos desastres
- no debieron repetirse,
- por ejemplo la guerra,
- el hambre, etcétera.
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- Tenía que respetarse
- la indefensión de los
indefensos,
- la confianza y cosas por el
estilo.
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- Quien deseaba complacerse en
este mundo
- se enfrenta a una hazaña
irrealizable.
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- La estupidez no es ridícula.
- La sabiduría no es alegre.
- La esperanza
- dejó de ser una muchacha,
- etcétera, por desgracia.
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- Dios tenía que confiar,
por fin, en el hombre
- bueno y fuerte,
- pero un bueno y un fuerte
- siguen siendo dos hombres.
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- Como vivir, me preguntó
por carta alguien
- a quien yo pensaba formular
- la misma pregunta.
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- De nuevo y como siempre,
- según lo dicho anteriormente,
- no hay preguntas más
apremiantes
- que las preguntas ingenuas.
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- Hijos de la época
- (HOMBRES EN EL PUENTE, 1986)
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- Somos hijos de nuestra época,
- y nuestra época es política.
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- Todos tus, mis, nuestros, vuestros
- problemas diurnos, y los nocturnos,
- son problemas políticos.
- Quieras o no, tus genes tienen
un pasado político,
- tu piel un matiz político
- y tus ojos una visión
política.
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- Cuanto dices produce una resonancia,
- cuanto callas implica una elocuencia
- inevitablemente política.
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- Incluso al caminar por bosques
y praderas
- das pasos políticos
- en terreno político.
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- Los poemas apolíticos
son también políticos,
- y en lo alto resplandece la
luna,
- un cuerpo ya no lunar.
- Ser o no ser, ésta es
la cuestión.
- ¿Qué cuestión?,
adivina corazón:
- una cuestión política.
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- Adquirir significado político
- ni siquiera requiere ser humano.
- Basta ser petróleo,
- pienso compuesto o materia reciclada.
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- O la mesa de debates
- de diseño durante meses
discutido:
- ¿redonda?, ¿cuadrada?,
¿qué mesa es mejor
- para deliberar acerca de la
vida y de la muerte?
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- Mientras, perecía gente,
- morían animales,
- ardían casas,
- y los campos se quedaban yermos
- como en épocas remotas
- y menos políticas.
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- Torturas
- (HOMBRES EN EL PUENTE, 1986)
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- Nada ha cambiado.
- El cuerpo es doloroso,
- necesita comer, respirar y dormir,
- tiene piel fina y, debajo, sangre,
- tiene buenas reservas de dientes
y de uñas,
- huesos quebradizos, articulaciones
dúctiles.
- Para las torturas todo se tiene
en cuenta.
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- Nada ha cambiado.
- El cuerpo tiembla como temblaba
- antes y después de la
fundación de Roma,
- en el siglo veinte antes y después
de Cristo,
- las torturas son como fueron,
aunque la tierra ha menguado
- y diríase que todo sucede
a la vuelta de la esquina.
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- Nada ha cambiado.
- Salvo el número de habitantes
por metro cuadrado,
- a las viejas culpas se suman
las nuevas,
- reales, imputadas, momentáneas
y nulas,
- pero el grito del cuerpo que
las avala
- era, es y será un grito
de inocencia
- según el baremo y escala
seculares.
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- Nada ha cambiado.
- Quizá los modales, las
ceremonias y las danzas,
- pero el gesto de brazos protegiendo
una cabeza
- sigue siendo el mismo.
- El cuerpo se retuerce, forcejea
para liberarse,
- cae postrado, dobla las rodillas,
- lividece, se hincha, babea y
sangra.
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- Nada ha cambiado.
- Salvo el curso de los ríos,
- la línea de los bosques,
costas, desiertos y glaciares.
- Por esos parajes el alma yerra,
- desaparece, vuelve, se acerca
y se aleja,
- ajena a si misma e inasequible,
- ora segura, ora insegura de
su existencia,
- mientras el cuerpo es, es y
sigue siendo,
- y no tiene donde cobijarse.
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- El odio
- (FIN Y PRINCIPIO, 1993)