Darwix,Mahmud

TRISTEZA Y CÓLERA (1966)

 
La voz en tus labios no encanta.
El fuego en tus pulmones no se extingue.
Al padre de tu padre,
con los zapatos de un emigrado,
lo crucifican.
Los labios de tu amiga se dan a otro
y otros exprimen sus senos.
¿Por qué no conoces la cólera?
Dijeron: "Sonríe, si deseas vivir"
Tus ojos entonces sonrieron al camino
Me juraste: "Soy feliz, compañero"
Y en tus ojos leí la filosofía sonriente de los esclavos:
Vino, verdor y cuerpos de efebos.
Si ves mi sangre en tu vino,
¿cómo te atreves a beber, compañero?
El pueblo en ruinas,
el guardián del olivar, la tierra muerta,
los troncos de vuestros olivos, nidos de lechuzas y cuervos.
¿Quién se ha ocupado de las espiochas este año?
¿Quién ha arado la tierra?
¡Tú!, ¿dónde están tu hermano, tu padre?
Se han convertido en espejismos.
¿De dónde has venido, de una tapia?
¿O has caído de las nubes?
¿Te crees que salvas la dignidad de los muertos llamando
por las noches a todas las puertas?
¿Y por qué no conoces la cólera? ...
Hemos llevado la tristeza durante años y el alba no se ha alzado.
La tristeza es un fuego cuyes luces apagan el furor
y que reavivan los vientos.
El viento está en ti, ¿por qué lo estorbas
si no te queda más recurso que provocar el encuentro del viento
y del fuego en tu patria violada?
 

RITA Y EL FUSIL (1967)

 
Entre Rita y mis ojos... un fusil.
Quien a Rita conoce, se postra
y reza al Dios de su ojos de miel.
Besé a Rita cuando niña,
aún recuerdo como se pegó a mi:
una preciosa trenza cubrió mis brazos.
Recuerdo a Rita tanto como el pájaro al estanque.
Rita, Rita…
Teníamos un millón de pájaros y de fotos, y mil citas,
y contra todo hizo fuego… aquel fusil.
El nombre de Rita le sabía a fiesta a mi boca,
el cuerpo de Rita se desposaba en mi sangre:
Rita fue mi perdición… pero sólo dos años,
durmió en mi regazo dos años,
nos prometimos en el altar del cáliz más bello,
ardimos en el vino de dos salivas,
nacimos dos veces.
Rita, Rita…
Nada privaba a mis ojos de los tuyos,
si acaso nuestras cabezadas
o alguna nube de miel,
hasta que irrumpió… aquel fusil.
Érase que se era
el silencio al atardecer,
y una mañana en que mi luna partió
con los ojos de miel.
La ciudad barrió a los rapsodas, y a Rita.
Entre Rita y mis ojos... un fusil.

UN SOLDADO QUE SUEÑA CON LIRIOS BLANCOS (1970)

Sueña con lirios blancos,
una rama de olivo,
el pecho de su amiga que florece de noche.
Sueña, me ha dicho, con un pájaro,
una flor de limonero.
No filosofaba su sueño
ni comprendía las cosas
más que como las vivía y sentía.
Para él, me dijo, la patria era
"que yo beba el café de mi madre
y que vuelva por la noche".
Le pregunté: ¿Y la tierra?
Me dijo: "No la conozco
ni siento que sea mi carne y mis latidos,
como dicen los poemas...
Me habló del momento del adiós
y de cómo su madre
lloraba en silencio cuando se lo llevaron
a un lugar en el frente…
La voz atormentada de la madre
ahondaba bajo su piel un deseo nuevo:
que crezcan palomas en el ministerio de defensa,
¡Que crezcan palomas!...
-¿A cuántos mataste?
- Es difícil contarlos, pero me dieron una medalla.
Le pedí, atormentándome, que me describiera un solo muerto
Se acomodó, acarició el diario plegado
y me dijo, como si me hiciera escuchar una oración:
- "Como una tienda cayó sobre las piedras
y abrazó los astros quebrados,
en su amplia frente apareció una corona de sangre
y en su pecho ninguna medalla
porque no sabia combatir.
Parece que fue un campesino,
un obrero o un vendedor ambulante.
Como una tienda cayó sobre las piedras y murió.
Sus brazos se habían extendido como dos arroyos secos,
encontré dos fotografías,
una... de su mujer
la otra... de su hija."
Le pregunté: "¿Te has sentido triste?"
-"¡Ay amigo, Mahmud!
La tristeza es un pájaro blanco
que no se acerca a los campos de batalla
y los soldados pecan se entristecen."...
...Cuando le serví su cuarto vaso
le pregunté bromeando:
"¿Te marchas? ¿Y la patria?"
Contestó: "Déjame,
sueño con lirios blancos,
con una calle que cante y una casa iluminada,
quiero un corazón bueno, no carne de fusiles;
quiero un día soleado, no el fulgor de una victoria,
ese momento demencial fascista.
Quiero un hijo risueño que sonría al día,
no una pieza suelta de una máquina de guerra;
he venido para contemplar auroras,
no puestas de sol...
Pensaba, me dijo, que la patria
"es que beba el café de mi madre
y que regrese sano y salvo por las noches".

LAS PALABRAS (1977)

Cuando mis palabras eran tierra,
yo era amigo de las espigas.
Cuando mis palabras eran cólera,
yo era amigo de las cadenas.
Cuando mis palabras eran piedras,
yo era amigo de los arroyos
Cuando mis palabras eran revuelta,
yo era amigo de los truenos.
Cuando mis palabras eran amargas,
yo era amigo del optimista.
Cuando mis palabras se convirtieron en miel,
mis labios se vieron cubiertos de moscas.